Tras años y años viajando a la playa y viendo el cartel del pueblo, nos preguntamos ¿qué coño es ese pueblo y qué hace en Murcia y no en los países catalanes? Y tras un verano hablando catalá y organizando la boda de Lassy en dicho pueblo dijimos “y, per qué no? Home cuyons, VAMOS A GEA Y TRUYOLS!”.
Después de acordar que los sábados previos a los domingos de excursión, no saldríamos de fiesta para estar descansados, decidimos darlo todo el sábado 17 hasta las 8 de la mañana y aun así fuimos a Gea y Truyols, oh bendito lugar!
Uno de los momentos más emocionantes del viaje ocurrió al inicio. Íbamos en dos coches y nos embargó la emoción al ver el cartel que decía “Gea y Truyols”. Fue tal el entusiasmo que decidimos pararnos a hacernos fotos en una carretera de doble sentido arriesgando nuestra vida y la de todo aquel que decidió pasar por allí.
Caminando por las calles campestres del peculiar pueblo descubrimos que una de las principales calles del pueblo tenía un nombre un tanto gracioso: Calle San Whisky. Y decidimos que sería allí donde se haría la barra libre después del convite de la boda de Lassy.
Perdidos en la inmensidad del pueblo, decidimos preguntar a unas geatruyolanas (que no lesbianas) que amablemente nos indicaron cómo llegar a la plaza del Teleclub. Sorprendidos ante esas fuentes y estas gentes, no sabíamos lo que estábamos a punto de descubrir: PACHA TRUYOLS! No podíamos dar crédito a nuestros ojos, pero antes de asimilarlo ya estábamos dándolo todo en la puerta de la macrodiscoteca. Se dice, se comenta, se rumorea que la discoteca está cerrada por estramonio, son pioneros en drogas nuevas y Raves.
De camino de vuelta a la plaza, pasamos por la emblemática Calle Tienda en la cual las tiendas brillan por su ausencia y por la peluquería Anabel unisex en la que Lassy se hará un recogido floral para su enlace con el argentino Lucas Narambuena.
La última parada fue en el centro social Teleclub. Allí pudimos degustar un aperitivo y nos deleitaron con un cartel que nos daba más paura que felicidad tropagonizado por el tío Paco en todo su esplendor, en el que dejaba claro que durante su régimen (y no alimenticio precisamente) todo era mucho mejor que ahora y que sin él no somos nadie.
Extasiados y maravillados de tan bello paraje, decidimos tomar rumbo a nuestro siguiente destino: El Garruchal. En dicho pueblo pretendíamos dar juego vestidos de garrulos con chales, pero no fue tan fácil como pensábamos. Tras muchos intentos de encontrar el camino correcto, nos pasamos el cartel y descubrimos que se trataba de un puerto de montaña sin pueblo alguno que visitar. Las vistas nos conmovieron y emocionaron a la par que nos cagaron, pero llegamos a Murcia sanos y salvos, listos para tomarnos unas tapas de fin de viaje.
Y con estas palabras despedimos la conexión hasta la próxima excursión. ¿Alguna propuesta de destino?
FIN











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